Risas
9 08 2006
Siete de la tarde en la redacción. Los taxistas levantan el paro a cambio de un aumento en la tarifa. El editor mira los cables mientras pone la extraña sonrisa que dice “tengo una idea”. Me dirige la vista. Pregunta y ordena al mismo tiempo: “¿Por qué no vas a la calle a ver qué opinan los taxistas y los pasajeros? Seguro hay pasajeros indignados”, se relame. Mi resistencia es mínima, inútil. Vuelvo después de caminar una hora. Traigo algunos testimonios, el color para una crónica y algo de frío.
—¿Cuánto escribo? —pregunto.
—A ver… veintidós líneas.
—¿Eh, nada más? —cuestiono. Una nota corta es de unas cuarenta. Las veintidós, para una crónica y después de recorrer una hora la ciudad, sonaban a chiste. Pero era cierto.
—¿Qué querés? Si seguro que te sentaste en el bar de la esquina y los testimonios los inventaste –dice con tono de humorada. Entonces ríe y contagia las carcajadas a los que lo rodean. Yo también río.
—Ustedes dicen eso porque seguro lo hacían —sigo con el chiste.
Las risas continúan. Nadie niega mi acusación.

jajajajajaja!!!!!!!! Puedo saber de qué editor estás haciendo referencia???
Seee…..es tal cual amigo Clark. Pero sumale un redactor de la misma sección, de pelo largo y descremadísimo!…me fui!
No dé nombres mr. Clark, quien esporádicamente lo sufrimos sabemos muy bien de quien ud. habla. Salud!
No se preocupe, fck, no daré nombres. Y los desorientados que preguntan deberán investigar…