Creí tener un déjà vu. Pero no, me equivoqué. Fue hace un rato nomás, cuando leía en Página/12 una nota firmada por Mariana Carbajal (sí, otra vez, qué puedo hacer, más material para los que llegan al blog buscándola en Google) sobre un proyecto de ley que castiga la violencia contra la mujer.
La primera nota sobre el tema fue la tapa de ayer. Y quedará para otra oportunidad la discusión acerca de si era válido hacer la tapa del diario con un proyecto de ley que iba a ser tratado en la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados, que aún no había llegado al recinto. Voy a pensar que el público de Página/12 tiene especial interés por esa norma y voy a continuar con lo que me interesa.
Es que estaba leyendo la nota de hoy, les decía, y encuentro que afirma que el proyecto “amplía la definición de violencia e incluye entre las conductas que podrán denunciarse aquellas que ocasionen daño emocional y disminuyan la autoestima, como tratos humillantes y vejatorios, vigilancia constante o frecuente, celos excesivos, intimidación o chantaje. Las mujeres podrían pedir protección judicial frente a actitudes violentas de novios o ex novios –actualmente las denuncias se limitan a cónyuges o concubinos–. Entre otras novedades, prevé que el juez pueda ordenar, en la sentencia, que el agresor indemnice por los daños causados a la víctima por el maltrato, como gastos de mudanza, legales, médicos, psicológicos, de alojamiento, reparaciones de propiedad, y también lucro cesante. Si el agresor no cumple las medidas ordenadas por el magistrado para proteger a la víctima, se le podrán imponer multas a favor de la víctima, o su conducta violenta podrá ser dada a conocer en su lugar de trabajo, o en el gremio o la asociación profesional a la que pertenezca.” Un gran avance, como califica la nota, sin dudas. Pero terminé de leer eso y tuve la sensación de que ya lo había leído antes.
Lo primero que pensé fue que se trataba de un déjà vu, obvio. Pero empecé a hacer memoria. Después, desconfiando de mí mismo, fui al diario de ayer. Y ahí estaba la misma parrafada. Idéntica, ni una coma de diferencia. Las mismas 155 palabras, los exactos 981 caracteres con espacios, en las notas de ayer y de hoy.
Sospeché que podía ser un textual que valía la pena repetir sin modificación, aunque no encontré el entrecomillado. Una pena, porque me encantan los déjà vu.
Dijeron algo...