Cuando vimos el segundo cargamento cayendo desde un camión que transitaba por el rulo de la autopista 9 de Julio supimos que algo estaba pasando. Antes habían sido limones y ahora rollos de chapa, pero la esencia era la misma. Sabíamos, un poco en serio, un poco con ironía, que estábamos ante una tendencia. De golpe iban a empezar a caerse cosas con frecuencia y los medios se preguntarían —nos preguntaríamos— por qué se caían, por qué nadie hacía nada para detenerlo ni para proteger a los desprevenidos ciudadanos que podían terminar su existencia aplastados por lo que fuere: aluminio, ganado, frutas, cualquier cosa. Y pasó. Una carga más se vino abajo y el pedido fue escuchado cuando restringieron el tránsito.
Las tendencias, esas repeticiones de hechos que aparecen cada tanto en la prensa, son conocidas. Pueden ser abusos infantiles, perros asesinos, robos a ancianos, alguna enfermedad. Entonces sabemos que con dos casos ya tenemos una. Con un par alcanza. Ese extraño fenómeno aparece mencionado en la revista de Crítica del 14 de septiembre (pdf) (sí, las leo con algo de retraso). Es en una nota de Josefina Licitra sobre el lesbian chic: aparece una canción sobre el beso entre dos chicas, una escena en una película con dos adolescentes que se quieren más que como amigas y listo. Otra tendencia. La hipótesis de la nota es que el lesbian chic es en realidad un invento del marketing. No hay en el lesbianismo nada que se le parezca, pero es tan efectivo para vender que lo demás no importa. Eso, a pesar de que la bajada de la nota y las imágenes que la ilustran se unan a la moda.
Para explicarlo, en la misma nota Carlos Jones, politólogo e investigador del Instituto Gino Germanila, habla no de un estudio de elaborado por prestigiosos sociólogos ni de una clase de Foucalt sobre la verdad. No. Recurre al periodismo, ni siquiera a una hipótesis de un teórico de la comunicación, al periodismo, al diario Clarín. Dice:
(…) se entra en lo que yo llamo el Síndrome Clarín: cada dos semanas publican una encuesta sobre sexualidad y dicen que es una tendencia. O toman tres testimonios en la Bond Street y hablan de un fenómeno mundial. Pero el mundo no es la Bond Street.
La “tendencia” está impulsada por cierta necesidad de universalizar. Quiere decir que esto que te cuento no es sólo esto que te cuento, es apenas un ejemplo de una cantidad más grande que no para de crecer de cosas como las que te cuento. Es un síntoma de la falta de historias en los medios, de las buenas historias más o menos bien contadas. Como si esa falta quisiera ser cubierta con la totalidad. No puedo contarte lo que te pasa a vos, pero en cambio te ofrezco contarte lo que le pasa al mundo. Esa es, parece, la tendencia.

Dijeron algo...