Ayer por la noche, un par de horas después de que el Gobierno anunciara el fin de las AFJP, escuché el comentario (el comentario real, no un comment) de que había tenues, tímidos cacerolazos.
—¿En serio? —fue mi respuesta y pregunta retórica a la vez.
—Sí, me lo acaba de decir A..
—Ah, pero A. vive en Recoleta, ¿no? Encima que les salvan la jubilación se quejan…
Mientras, pensaba que dado lo escaso del fenómeno cacerolero y la aparente alienación de sus protagonistas, la mejor opción para oponérseles era ignorarlos. Pero ahora creo que es preferible hacer algo así.

Dijeron algo...