Fue necesario agregar allí a la derecha la foto de Luis Gerez con la frase “Aparición con vida ya”. A más de dos meses de la desaparición de Jorge Julio López, la historia se repite implacable, como si hubiese sido inevitable. No obstante, las medidas para que la dictadura no volviera en tiempos de la democracia podrían haberse aplicado. El gobierno de Néstor Kirchner, en cambio, prefiere mantener un discurso de defensa de los derechos humanos, pero sin llevarlo a la práctica.
Ayer, un comunicado del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), dirigido por Horacio Verbitsky —tal vez aún defensor del Gobierno, que mantiene el silencio sobre el caso—, difundió un comunicado en el que señala que la desaparición de Gerez “pone en evidencia la ineficacia de las autoridades nacionales y provinciales en la protección de los testigos” en causas por delitos de lesa humanidad. “Es imprescindible fortalecer aquellos resortes institucionales que son garantes del proceso de Justicia abierto contra los responsables del terrorismo de Estado y reforzar las medidas de protección y contención de víctimas y testigos”, indica la organización.
El Cels ya lo había hecho notar antes y recuerda en el comunicado que “hace cien días se solicitó formalmente al Gobierno nacional que se desclasificara la información sobre el personal que prestó servicios durante la dictadura militar, aunque hasta el día de hoy no se ha obtenido respuesta”. Exacto. Ni la desaparición de López —posterior a ese pedido— ni las tres amenazas —sí, tres— recibidas por Gerez fueron suficientes para que el discurso sobre derechos humanos se plasmara en la realidad. Es cierto que la esposa de Gerez reconoció que él mismo rechazó la custodia, ¿pero debieron los encargados de su seguridad respetar esa decisión? Si los delitos de lesa humanidad son los más graves, aquellos que no prescriben, ¿por qué se descuida a quienes atestiguan contra los criminales que los cometen?
Está muy bien que la ESMA se trasnforme en un Museo de la Memoria, que el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Edgardo Binstock, acompañe a los familiares de Gerez, que el propio presidente diga que encabeza la investigación, pero nada de eso alcanza. Mientras los derechos humanos no dejen de ser discurso para transformarse en políticas, dificilmente —como dice Kirchner— salgamos del infierno, sino que estamos entrando en él.
Dijeron algo...