Nada

16 05 2007

Tapa de Página/12, de La Nación y de Clarín. También de Popular y de Crónica. De El Cronista y de Ámbito Financiero. Así repercutió la cancelación de trenes que ayer en la estación Constitución derivó en fuego, piedras voladoras, balas de goma y gases lacrimógenos igual de voladores, detenidos y heridos. Todos usan en sus títulos la palabra furia. Algo que sólo conforma un dato simpático, que muestra lo predecible que somos o lo acertado del término en esta situación.

Sólo BAE se salvó de esa repetición, de caer en el lugar común. Optó por una salida mucho más creativa, sin dudas: no publicó ni una sola línea lo sucedido. Nada. Como si no hubiese pasado.




Vivo

6 03 2007

“Che Clark, estás vivo? no posteas desde el 27/02!”, pregunta Juan Manuel en un comentario. Sí, estoy vivo, pero con algunos problemas de conexión a internet y de falta de tiempo (nada grave) que me mantienen momentáneamente alejado del blog. Ni bien pueda, ni bien me haga un poco de tiempo, vuelvo a postear. Gracias por preguntar.




Conflicto III - Epílogo

12 01 2007

(Sigue de aquí)

Situaciones similares se vivieron ese día y el siguiente con otros pasantes. Todos debían saber, directamente o por comentarios, qué podía pasarles si se repetía la medida de fuerza y ellos cometían la osadía de sumarse. Y que ni se les ocurriera siquiera pensar que los 500 pesos que les pagaban eran insuficientes.

Finalmente, las amenazas fueron en vano y la empresa no tuvo que “resolver” nada. No por la valentía o el coraje de nadie, sólo porque quien amenazó jamás notó que los ánimos en la redacción no estaban como para volver a un paro. Inexperiencia, poca calle, en fin, quién sabe, la cuestión es que no lo vio. La movida tan sólo le sirvió para perder la confianza de algunos que lo conocieron sin máscara.

Los trabajadores continuaron las negociaciones durante un par de semanas, terminaron por aceptar un incremento menor a la mitad de lo que habían pedido y que empezaron a cobrar recién un mes más tarde.

A los amenazados les sirvió para conocer a quien les había dado la posibilidad de estar allí, para saber dónde se habían metido, para ver que el diario progre podía llegar a serlo, apenas, en la tinta.




Conflicto II

9 01 2007

(Sigue de aquí)

La charla no había empezado bien. ¿Por qué la aclaración de que no se trataba de un apriete? Obviamente, porque lo era.

—Mirá —siguió el jefe mientras él escuchaba—, te quería aclarar que como pasante no tenés ninguna relación laboral con la empresa. No sos empleado. Y bueno, como está todo, puede volver a haber un paro. En ese caso, los pasantes no suelen adherirse y… que yo sepa, nunca tuvieron ningún problema por eso ni nadie de la comisión interna les dijo nada.

En el paro anterior él, al igual que los demás pasantes, no había trabajado. Fue sin entrar en conflicto con nadie porque ese día, gracias a la nota que le encargó un subeditor, entró un par de horas antes y se fue, también, un par de horas antes, justo cuando la asamblea votaba dejar de trabajar.

—Ajá… Primero te aclaro que estoy de acuerdo con el reclamo… —respondió, aún creyendo que la honestidad valía algo allí.

—No, claro —lo cortó mientras jugaba con el azúcar desparramado sobre la mesa—, yo no te digo qué tenés que hacer. Pero bueno, cuando se te terminen los primeros seis meses de pasantía voy a tener que informar a la empresa, si me lo pide, y les tengo que decir qué hiciste… y ellos resolverán. Ah, y tampoco es momento para que ustedes pidan un aumento.

—Está bien, lo voy a tener en cuenta —trató de salir del paso. Se levantó, el jefe también y ambos volvieron a la redacción. Él no dejaba de repetirse a sí mismo las palabras que buscaban esconder la amenaza: “Ellos resolverán, ellos resolverán…”.

(Continúa aquí)




Conflicto I

3 01 2007

El relato siguiente corresponde a una historia que sucedió hace algo más de un año. La información la recibí hace muy poco de parte del protagonista de los hechos, que se comunicó conmigo para contármelos porque, dijo, los tenía atragantados y ya no lo dejaban respirar.

Él había llegado a la redacción hacía un mes. Estaba en el lugar en el que siempre había querido estar: en el diario que leía y rodeado de la gente a la que admiraba. Su condición de pasante no le iba a oscurecer el panorama. Además, consideraba como un agregado extra estar allí en un momento en el que se discutía un posible aumento salarial. Hacía un par de semanas, en el punto más alto del conflicto, un paro había paralizado a la redacción y el diario había salido sólo con el trabajo de un par de editores. Y él veía todo desde el lugar de los hechos.

Días después de esa medida, su jefe se le acercó a la computadora. Era el mismo que antes había sido profesor en la universidad y que lo había llamado para ofrecerle ese lugar imposible de rechazar. Ahora, como editor, se acercaba mientras él escribía o leía un cable, no recuerda. Casi sin detenerse, carraspeando antes de hablar, le soltó un: “Vení que tengo que hablar con vos”. Intrigado, se levantó para seguirlo.

Llegaron hasta la sala donde se hacían las reuniones de edición. La mesa de madera con cubierta de vidrio mostraba vasos de café descartables casi vacíos y sobres de azúcar que le iban a servir al jefe para jugar con los dedos durante la charla. Los dos se sentaron en las sillas de cuero.

—Quería hablar con vos —empezó el jefe— por el tema del conflicto gremial. Supongo que estarás enterado… Antes que nada te aclaro que esto no es un apriete ni nada parecido.

Justo después del alivio por saber que el motivo de la charla no era su trabajo, él se preguntó qué estaba pasando, qué tenían que hablar y por qué, a pesar de la aclaración, tenía la sensación de que iba a tratarse de un apriete.

(Continúa aquí)




Castigo

28 12 2006

No es ninguna novedad que éste, como muchos otros, es un oficio en el que los reconocimientos no abundan. Se sabe, nadie va a decir que el trabajo está bien hecho aunque lo esté. Pero últimamente se llega a un punto extremo: ante la buena labor se castiga.

A ver si me explico. Conozco un par de Fulanos y Fulanas que hacen un buen trabajo, cubren bien un tema X y escriben unas notas cuidadas sobre eso. Jamás recibirán un reconocimiento de sus superiores, lo saben, a pesar de que les llegan por parte de los lectores y algunos de sus colegas. Ya se acostumbraron a la indiferencia de sus jefes y no esperan otra cosa. Pero después de un tiempo dedicándose a ese tema X, cuando lo conocen y tiene las fuentes, hay que hacer una nueva nota y los editores se encuentran en la siguiente charla:

—Hay que hacer algo sobre X.

—Se lo damos a Fulano.

—No, Fulano ya hizo un par de tapas sobre eso. Mejor se lo pasamos a Mengano, porque después se la cree.

—Bueno.

Entonces Fulano (o Fulana, da igual) pasa media hora explicándole a Mengano con quién puede hablar, a quién llamar, qué preguntar a cada uno.

Tal vez me equivoco, pero hay cierto sadismo y también algo de estupidez en esa mecánica. Hay distintas respuestas a la repetición de esas situaciones. Algunos, los que pueden, buscan nuevos horizontes en otros medios. Otros se cansan, se deprimen o lo que sea y pasan años sentados en una redacción pensando, casi siempre, que todo da igual.




Déjà vu

13 12 2006

Creí tener un déjà vu. Pero no, me equivoqué. Fue hace un rato nomás, cuando leía en Página/12 una nota firmada por Mariana Carbajal (sí, otra vez, qué puedo hacer, más material para los que llegan al blog buscándola en Google) sobre un proyecto de ley que castiga la violencia contra la mujer.

La primera nota sobre el tema fue la tapa de ayer. Y quedará para otra oportunidad la discusión acerca de si era válido hacer la tapa del diario con un proyecto de ley que iba a ser tratado en la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados, que aún no había llegado al recinto. Voy a pensar que el público de Página/12 tiene especial interés por esa norma y voy a continuar con lo que me interesa.

Es que estaba leyendo la nota de hoy, les decía, y encuentro que afirma que el proyecto “amplía la definición de violencia e incluye entre las conductas que podrán denunciarse aquellas que ocasionen daño emocional y disminuyan la autoestima, como tratos humillantes y vejatorios, vigilancia constante o frecuente, celos excesivos, intimidación o chantaje. Las mujeres podrían pedir protección judicial frente a actitudes violentas de novios o ex novios –actualmente las denuncias se limitan a cónyuges o concubinos–. Entre otras novedades, prevé que el juez pueda ordenar, en la sentencia, que el agresor indemnice por los daños causados a la víctima por el maltrato, como gastos de mudanza, legales, médicos, psicológicos, de alojamiento, reparaciones de propiedad, y también lucro cesante. Si el agresor no cumple las medidas ordenadas por el magistrado para proteger a la víctima, se le podrán imponer multas a favor de la víctima, o su conducta violenta podrá ser dada a conocer en su lugar de trabajo, o en el gremio o la asociación profesional a la que pertenezca.” Un gran avance, como califica la nota, sin dudas. Pero terminé de leer eso y tuve la sensación de que ya lo había leído antes.

Lo primero que pensé fue que se trataba de un déjà vu, obvio. Pero empecé a hacer memoria. Después, desconfiando de mí mismo, fui al diario de ayer. Y ahí estaba la misma parrafada. Idéntica, ni una coma de diferencia. Las mismas 155 palabras, los exactos 981 caracteres con espacios, en las notas de ayer y de hoy.

Sospeché que podía ser un textual que valía la pena repetir sin modificación, aunque no encontré el entrecomillado. Una pena, porque me encantan los déjà vu.




Redacción

11 12 2006

—El otro día entré a la redacción y enseguida me dieron ganas de irme. No quería estar más ahí.

—¿Sí?

—Es que ya no parece una redacción. Están todos callados, quietos… ¿No sé qué les pasa? Le dije a uno de los chicos: “Esto ya no es una redacción”. Y me decía que sí, que está distinto.

—Sí, está todo muy raro. Pero desde hace tiempo. Se respira por un lado fastidio y por otro miedo.

—Sí.

Ya lo dijo Charly: “Están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal. Desconfío de tu cara de informado y de tu instinto de supervivencia.




Desierto

30 11 2006

Ayer se dieron a conocer y pronto se entregarán los premios Adepa (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) al Periodismo 2006. El galardón tiene categorías como bien público, ecología y medio ambiente, caricaturas, fotografía, derechos humanos y periodismo científico, cada una auspiciada por un medio.

Pero el premio más importante, el que aparece primero en la lista, seguramente por lo que distingue, es el que se entrega a la libertad de prensa y está patrocinado por Clarín. En la edición del año pasado se lo llevó el diario La Nación. Y esta vez el ganador es… No, el ganador no es, porque quedó desierto. En serio.




Sensación

8 11 2006

Me pasó hace tiempo y aunque no recuerdo los detalles, me quedó en la memoria aquella sensación de “ya no quiero seguir”, “esta profesión no es para mí”, “mañana no vuelvo a trabajar”. Es cierto que lo superé, no sé cómo.

Fue una tarde en la redacción. La noticia había empezado su circuito horas antes, en la radio y en los noticieros del mediodía de la televisión. En algún lugar del oeste del conurbano bonaerense, un muchacho murió de un disparo en la cara después de que le tirara otro hombre con el que tuvo una discusión en la calle. Ambos iban manejando, alguno hizo una maniobra indebida y todo terminó con un muerto.

No había más que un hecho policial, pero como algo similar había pasado un par de días antes, la noticia se volvió importante. “Fijate si lo podemos producir, hablar con la familia”, llegó la orden. La cumplí.

El teléfono estaba en la guía. Atendió el padre, me contó lo que había pasado. Cuando terminó, lloró. Me dijo que justo ese día su hijo cumplía años, que la agonía había durado una semana y él no se movió de la sala del hospital. Me confesó, ingenuo y desesperado, que los medios eran su última esperanza. Yo apenas si estaba del otro lado del teléfono. Nisiquiera había ido a verlo, a escucharlo en persona. Corté y me puse a escribir, a cumplir con mi trabajo.