Mareo

20 12 2006

Ayer sufrí un mareo. Fue cuando leía que Infobae.com confirmaba que dos policías habían querido robarse parte del rescate en el secuestro de Hernán Ianonne, Ianone o Iannone (que todos se pongan de acuerdo de una buena vez en cómo se escribe). Infobae tenía una fuente inobjetable: “el periodista Raúl Kollman” (sic.).

Resulta que Raúl “Tuni” Kollmann, sin citar ninguna fuente y como si él mismo fuese vocero de la fiscalía de Tres de Febrero que investiga el caso, decía que sí, que dos integrantes de la Bonaerense trataron de quedarse con 47 mil pesos, pero después los devolvieron porque el padre del secuestrado se dio cuenta de que faltaba parte del dinero.

Todo me empezó a dar vueltas cuando pensé en lo que estaba pasando en el más superficial nivel de lo mediático. Kollmann, que escribe en Página/12, es columnista de Telenueve y de Ari Paluch, salía al aire en Radio 10 para hablar en el programa de Chiche Gelblung y dar la primicia exclusiva que luego era reproducida por Infobae.com y que hoy es posible leer en Página/12. Todo un viaje.





Desierto II

2 12 2006

A partir del post anterior caí en una de esas asociaciones libres inexplicables y me acordé de un chiste. Es posible que muchos lo conozcan, pero vale la pena repetirlo.

Un redactor y su editor viajaban hacia un congreso en un pequeño avión. Justo cuando están sobrevolando el desierto del Sahara la nave tiene un desperfecto y se viene abajo. En el accidente muere el piloto, aunque increiblemente se salvan los dos periodistas.

Ambos, redactor y editor, caminan días, semanas por las arenas del desierto sin encontrar ni un atisbo de civilización y mucho menos de agua. Cuando están a punto de desfallecer ven a lo lejos la salvación: un oasís.

Los dos utilizan sus últimas energías para correr desesperados hacia el agua que tanto necesitaban y que se les había aparecido allí. Cuando el redactor está a punto de zambullirse de cabeza, escucha que el editor le grita:

—¡Pará, no te tires!

El redactor se frena. Ve al editor que se acerca caminando hacia el oasis, se para en la orilla, se baja la bragueta y empieza a orinar en el agua fresca. Desesperado, el redactor le pregunta.

—¡¿Pero qué le estás haciendo al agua?!

—Nada, te la estoy mejorando —le responde el editor.





Loquitos

25 11 2006

Entró al diario como lo había hecho muchas veces, salvo por algunas circunstancias que lo sacaban de la normalidad. Su ánimo exaltado, por ejemplo, y la ametralladora que llevaba que, a pesar de ser una réplica, generó pánico en todos.

“Estás hablando con el nuevo director del periódico, y estoy aquí para desenmascarar los verdaderos conflictos del periódico. Aquí hay problemas con el pago. El periódico dura poco, se acabó este problemita ya, esto es una pocilga y alguien tiene que pagar, alguien tiene que hacerlo, porque esto va a ser como limpiar la mierda. Es tiempo suficiente ya que se están burlando de la gente, hoy lo van a ver como una violencia. Pero alguien tiene que pagar y ese va a ser el director.” Eso fue lo que dijo después de discutir con un editor de fotografía y entrar a la oficina del director. Todos abandonaron el edificio y él le exigía a la policía la renuncia del director del diario y del subjefe de redacción.

Eso fue lo que pasó ayer en la redacción de El Nuevo Herald de Miami. El protagonista fue el dibujante de ese diario José Varela. Y habrá que cambiar algunos nombres propios y detalles, como que, entre otras cosas, Varela está disconforme con el trato que el diario da a los exiliados cubanos, pero superando eso, ¿sus quejas, canalizadas a través de un método al menos cuestionable, son aplicables a otros medios?

Ayer en una redacción porteña, poco después de que se conoció lo que sucedía en el Herald, el director del diario le contó lo que estaba pasando a uno de los secretarios de redacción. Lo comentaron entre risas. ¿De qué se reían? “Loquitos” hay en todos lados.





Ortografía

16 11 2006

Es posible que un periodista tenga alguna duda ortográfica. Creo que tenemos la posibilidad de vacilar y no tenemos porqué conocer todo el idioma a la perfección. No obstante, en la actualidad, trabajando en redacciones conectadas a internet hay cosas que no deberían pasar, o al menos yo no concibo que pasen. Porque aunque acepto que dudemos, me molesta tener esas dudas. Es decir, si hoy no sé cómo se escribe una palabra, entonces voy al diccionario de la Real Academia y me fijo.

Algunos prefieren preguntar, a los gritos, arriesgándose al ridículo. Entonces uno está sentado frente a un monitor y escucha en voz bien alta a una redactora preguntar: “¿Tez, de cara, va con ese o con zeta?” Después, claro, viene un silencio incómodo, de unos segundos, que finalmente rompe el extrañamente caritativo editor: “Con zeta”. Y otra vez el silencio.

¿Era necesario? Si podía revisar un diccionario con sólo hacer un click. Tal vez sienta placer al hacerlo o no se da cuenta. Es que el otro día tuvo otra pregunta desconcertante: “¿Cuál es el epígrafe?”





Nacionalidad

7 11 2006

Hoy justo pensaba en la crisis que están atravesando los estado-nación. Por suerte aún están vigentes y, mejor todavía, no soy ni chino ni tunecino ni egipcio. Porque allí “manifestar una opinión en un blog, o en un sitio, puede llevar a la cárcel”. Reporteros Sin Fronteras contra la censura en Internet.





Fuentes

19 10 2006

“Nunca escriban en una nota que tal o cual fuente es «alta»”, dicen algunos de los que actúan como profesores de periodismo. Pero no todos escucharon la frase o la recuerdan. Entonces vemos por ahí que un periodista tiene información de una fuente y, a pesar de nombrarla, la fuente es, digamos, desconocida. No obstante lo ignoto del informante, el redactor ha encontrado un modo de solucionarlo. Sencillo: Fulano de tal, un prestigioso/destacado/importante/conocido lo que fuere, señaló a este medio que bla, bla, bla. Se adjetiva y ya. La fuente se transforma en la mejor que podría haberse encontrado.

Es que leí muy ligeramente la nota de tapa de Página/12 del martes pasado —que además pide a gritos otro tipo de análisis sobre la crisis de ese diario que supo ser vanguardia— y me encuentro con que Mariana Carbajal (pues sí, me ensañé) cita información obtenida de: “Beatriz Janin, reconocida psicoanalista de niños”, “Marisa Rodulfo, otra prestigiosa especialista”, “el prestigioso neuropediatra León Benasayag” y “la consultora IMS Health, una de las más importantes del sector”. Lo que se dice un abuso. ¿O será una cuestión de estilo?

En los primeros dos casos, los adjetivos sobran, porque Janin es, según la nota, “profesora de posgrado de la UBA y directora de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños de la UCES en convenio con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires”, y Rodulfo, “profesora de Clínica de Niños y Adolescentes y docente de posgrado de la Facultad de Psicología de la UBA”. Después, el doctor puede en efecto ser “prestigioso” y la consultora “una de las más importantes del sector” (de qué sector), pero nadie explica por qué merecen esos adjetivos, aunque quedan de lindos.





Nota

6 10 2006

“Che, ¿cuánto hace que no se cae un avión?”, bromeaba el editor cada tanto, como si en cada repetición el intento de chiste fuese más gracioso. Lo preguntaba haciendo referencia a alguna estadística que dice que cada determinado tiempo, por algún motivo, un avión se viene abajo y unos cuantos mueren. “En serio, hace mucho que no se cae uno. Si la estadística es cierta en cualquier momento van a caer veinte juntos”, seguía, logrando alguna risa cómplice.

La muestra de cinismo, que aparece con facilidad, demasiada facilidad, en el carácter de algunos periodistas, le iba a jugar una mala pasada. Por fin dejaría al descubierto su relación con la profesión.

Fue cuando lo del avión de la empresa brasilera Gol. ¿A qué hora se supo que cayó? ¿A las 21? Más o menos. Lo suficientemente tarde como para complicar el cierre de un diario y para alterar al editor divertido.

—¿Viste? Parece que se cayó un avión en Brasil —le dijo alguien mientras él miraba la cablera— Hay como 150 muertos.

La novedad tardó unos pocos segundos en encontrar su entendimiento. Entonces, se puso irremediablemente nervioso, su rostro se volvió rojo, como si no tuviese delante una noticia: “¡No, la puta madre! ¿Y ahora qué hacemos?”, soltó, desesperado. Esa vez no hubo chiste sobre aviones y nadie se atrevió a responder lo que varios pensaron: “Una nota hacemos, una nota”.





Hipervínculos

12 09 2006

Ayer fue el lanzamiento de Perfil.com. Su editor jefe, Daniel Capalbo, escribe una columna titulada Los dinosaurios van a desaparecer (dejemos de lado la originalidad o no del título), donde intenta dar las claves del periodismo en la web y dice: “Hacer periodismo digital tiene la mayor de las ventajas. Uno no se siente obligado sólo a trabajar un buen texto. La obligación ahora es el hipertexto”. Sería interesante que se lo transmita a la gente que tiene a su cargo. Digo, como para que no pasen cosas como esta:

Porque que en un medio digital aparezca un “Ver testimonios” en vez de un link queda un poco feo, ¿no?





Yogurt descremado

13 08 2006

Bajo en calorías y desabrido. Así es el periodista yogurt descremado, una especie que habita algunas redacciones. La invención de la categoría no es mía, pero comienza a extenderse y a socializarse. El origen es un editor de política, habitual consumidor del sucedáneo de la leche bajas calorías. Al parecer, el tipo empezó a transformarse en lo que come. Incluso, muchos creen que el yogurt le reemplazó la sangre de las venas.

¿Cómo lo demuestra? Eso es lo peor. No lo demuestra, se le nota. Camina abatido por la redacción arrastrando su flaco y largo cuerpo. Nada le importa ni lo perturba, exhibe una mezcla de cinismo e indiferencia. Hay testigos: ni un principio de incendio que haga peligrar su vida lo inmuta. Le da lo mismo hacer una tapa que picar un cable. Uno lo ve y parece un fantasma, mientras con lentitud come su yogurt descremado.