Recursos

6 12 2006

En más de un medio los recursos no abundan o, al menos, son retaceados cuando se necesitan para hacer periodismo. Pero a veces los recursos están y no se usan de la mejor forma.

Por ejemplo, en el caso del asesinato de Nora Dalmasso, que apareció estrangulada en un country de Río Cuarto, Córdoba, muchos medios tienen enviados especiales para cubrirlo. Más allá de los periodistas que fueron para los medios audiovisuales, Clarín hizo viajar a Liliana Caruso y La Nación a Ramiro Sagasti. Ambos diarios decidieron no recurrir a sus corresponsalías en Córdoba y mandar gente desde Buenos Aires.

Pero llama la atención la opción de Página/12. Si bien le da tanto espacio e importancia al caso como los demás medios, no enviaron a nadie. El encargado de la cobertura es Raúl Kollmann, desde el barrio de Belgrano. Uno puede pensar que Página/12 no cuenta con los recursos necesarios para que alguien viaje al lugar de los hechos, y puede ser cierto. Pero al mismo tiempo cuenta con un corresponsal en Córdoba, Camilo Ratti, que hoy escribe una nota sobre la multa que deberá pagar un cartonero por no devolver dinero que encontró en la basura, algo que ayer llegaba por los despachos de las agencias.

Entonces, ¿tiene la cobertura de Kollmann algo que la distinga de las demás a pesar de hacerse desde Buenos Aires? No, las otras tienen más detalles y están más cerca de las fuentes. En cambio, uno se encuentra con lo mismo que dijo la tarde anterior en el noticiero de canal 9 y con frases como esta: “Por lo que se sabe, en ninguna de las cuatro oportunidades [en que declaró una de las testigos] hizo revelaciones importantes, aunque también podría ser que dio pistas”. Claro, una cosa o la otra.





Ambiente

20 11 2006

Creo que recordé la anécdota leyendo este post de un amigo. Fue hace ya unos cuantos años, cuando estaba cursando el último año del secundario. Es costumbre de los profesores preguntar a sus alumnos qué van a hacer después de terminada esa etapa, qué van a estudiar, por dónde se les aparece la vocación. Entonces plantean la cuestión como si el futuro fuese pura esperanza y todos pudieran realizar ese deseo. En fin.

En mi curso éramos pocos y la primera vez que una profesora hizo la pregunta respondimos uno por uno. Yo ya tenía claro que quería ser periodista. Lo mismo respondió una compañera, esa que era la mejor alumna, la que no conocía otra nota que el 10 y no porque fuese inteligente sino porque realmente disfrutaba estudiando mientras todos los demás intentábamos conseguir la mejor calificación con el menor esfuerzo posible.

Meses después, otra profesora repitió la pregunta. Todos dimos la misma respuesta, menos la chica 10. Ella había cambiado el periodismo por la psicología. Alguno que recordaba la respuesta anterior quiso saber qué había pasado: “¿Pero cómo, vos no querías estudiar periodismo?” Ella respondió que había cambiado de opinión porque, dijo, “no me gusta ese ambiente”. Yo lo sentí como una agresión indirecta. No dije nada pero me molestaba. ¿Qué sabía ella, con sus 18 años, sobre el “ambiente” del periodismo? ¿De dónde sacaba ese prejuicio? Y ahora me pregunto si no tendría razón.

Lo pienso bastante, le doy vueltas y me respondo que no, que a pesar de que no paro de cruzarme con hijos de puta, también hay gente de la otra, esos a los que cada tanto voy a llamar sólo para preguntarles cómo están.





Renuncia

10 11 2006

En el Los Angeles Times hoy será el último día de su jefe de redacción, Dean Baquet. Desconozco cómo trabaja, qué piensa, si es demócrata o republicano, si escribe bien o con los codos. Pero se ganó mi admiración. Baquet renunció a su puesto. No fue porque le hayan ofrecido uno mejor ni lo hizo para dedicarse a su familia. Renunció después de oponerse a un recorte de personal con el que amenaza la empresa dueña del diario.

No sólo es admirable la acitud de Baquet, también lo es la de quien fuera director del periódico hasta hace un mes, Jeff Johnson, que tomó la misma decisión por los mismos motivos. Irse de Los Angeles Times no es poca cosa. Se trata del principal diario del oeste de los Estados Unidos y el cuarto a nivel nacional.

Además, para continuar con las sorpresas para quienes estamos habituados a los medios locales, el periódico publicó una nota sobre la partida de Baquet explicando los motivos.

Según contó un cable de la agencia EFE, Baquet se quedó un mes más en su cargo para “intentar convencer al nuevo director, David Hiller, de que nuevos recortes de personal minarían la calidad del periódico”. Por acá no se consigue.





Paradójico

10 10 2006

Chocan un micro y un camión. Resultado: doce muertos y 41 heridos. Ingredientes adicionales: 1) la mayoría de los muertos son adolescentes que iban a colaborar solidariamente con otros adolescentes envueltos en la pobreza y el olvido; 2) el presunto culpable de la tragedia es el conductor del camión que, estiman los testigos, iba borracho o dormido.

Junto a la nota del desastre, Página/12 publica una crónica del duelo en el colegio y —como suele hacerlo— el análisis de un académico. Esta vez consultaron a Alicia Entel, directora de la Fundación Walter Benjamin, sobre el tratamiento que los medios hacen de estos temas.

Y se lee:

El medio siempre va a intentar reflejar lo cruento y la sangre. Por distintos motivos. Para recabar más información, si lo pienso desde el lado más ingenuo. O porque se parte de la suposición de que reflejar cierta truculencia puede ser tapa y vende más. Pero la responsabilidad social de los medios no es mostrar a un padre llorando sino las condiciones de producción de la tragedia. La investigación, por respeto al lector, pero lamentablemente no es lo más frecuente.

¿Y por qué cree que es así?

–No es porque no le interese al mercado. Es porque la profundidad de la investigación requiere más tiempo, y más tiempo es más inversión. Hay que decidir sacar dos periodistas de la competencia de las noticias y colocarlos a investigar.

No sorprende lo que dice acertadamente Entel, llama la atención, sí, que hayan publicado tan interesante (auto)crítica a los medios. Aunque, quién sabe, tal vez se trate de un efecto paradójico de lo mismo que se critica: poca inversión, escasa gente editando y, bueno, algunas cosas pasan inadvertidas.





Hacha

14 09 2006

Este post llega tarde, lo sé. Es así porque creí que estaba todo dicho. A pesar de que lo sigo creyendo, fueron varios los que me dijeron “¿cómo no publicaste nada?”. No es que este espacio sea importante, sino que les extrañaba la ausencia del tema. Así que aquí voy:

Primero. La publicación en Página/12 del legajo del diputado Juan José Álvarez fue una operación política.

Segundo. Álvarez no merece que se lo defienda, la información publicada es cierta y las operaciones abundan.

Tercero. Aún así, Página/12, Victoria Ginzberg y el Gobierno podrían haber sido un poco menos burdos. Tal vez impulsando desde el Congreso una investigación sobre Álvarez, diciendo en la nota que el legajo fue difícil de conseguir o consultando al ex SIDE como para mantener cierto equilibrio en las fuentes. No hubiera dejado de ser una operación, pero no hubiese sido tan evidente.

Hoy, el mismo diario publica una nota de opinión de Luis Bruschtein —para que todo quede en familia—, titulada Operaciones políticas en los medios, en la que intenta defenderse de los ataques. Aunque el argumento es bueno (si la información es cierta, ¿por qué no debíamos publicarla?), deja alguna duda. Bruschtein dice que si a un periodista le crece cual potus una carpeta de la SIDE en el escritorio, “el dato funciona como un disparador para el periodista, cuyo objetivo es dilucidar la veracidad de la información, corroborarla y ampliarla antes de publicarla, más allá de la intención del informante”. Que entonces Bruschtein diga en qué parte las notas sobre Álvarez muestran que la información fue chequeada. Yo no lo vi.

Es que desde la crítica hecha desde la profesión, se trata de una cuestión de matices. Incluso en la redacción de Página/12 la forma en que se hizo generó vergüenza ajena y propia. ¿Hacía falta tal obviedad?

Operen si quieren, claro, no soy ingenuo. Pero, por favor, que sea con un bisturí y no con un hacha.





Tapas

4 09 2006

Resulta que Página/12 sabe cuánto ganan los chicos que trabajan, ajá… ¿Valía la pena darle tanta relevancia a ese dato? Supongamos que sí. Todo muy bien, pero la misma nota firmada por Mariana Carbajal dice que “el dato, todavía preliminar, surge de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (Eanna), un emprendimiento conjunto del Ministerio de Trabajo y el Indec en el marco del Programa «Encuesta y Observatorio de Trabajo Infantil»”. Y más adelante aclara: “La Eanna es el primer relevamiento sobre trabajo infantil del país y se hizo en 2004”. Incluso la nota cita a “Emilia Roca, que se dedica al análisis de los datos recolectados desde el Observatorio de Trabajo Infantil”, diciendo: “Todavía seguimos procesando los resultados de la encuesta”. Está bien, tómense su tiempo. Una palabra y un número para tener en cuenta: preliminar y 2004.

Redactora y editores (no olvidemos el organigrama) decidieron armar una tapa con información preliminar y de hace dos años. ¿Qué validez tiene el dato en un contexto de permanentes cambios económicos? ¿Tanta como para ir a la tapa? Y antes, ¿qué importa cuánto ganan cuando el problema es que deben trabajar? Al menos la nota no lo explica, aunque esas cifras se repiten en la bajada, la cabeza y el segundo párrafo. Como para que quede claro.





Perspectiva

4 08 2006

No son pocos los periodistas que han perdido la perspectiva. Y aunque lo han hecho en varios sentidos, el más peligroso es el que les indica para quién escriben. Aún asumiendo la existencia de múltiples interferencias, escribimos para el lector.

Una forma de tener consideración hacia el público es la creación de la figura del defensor del lector, difundida en algunos diarios españoles. Llega a tal punto la preocupación por quienes leen y sus críticas que en El País de España el ombudsman ha escrito ayer un artículo para explicar a cinco lectores que la fotografía publicada en una nota no era trucada. Muchos dudaron acerca del trucaje por las perspectivas de las sombras, que caían en diferentes direcciones. “¿Desde cuándo hay dos soles?”, preguntó uno de los detallistas. La respuesta fue que la imagen es real, a pesar de las sombras díscolas. ¿En cuántos medios argentinos se hubiese tomado en serio esa consulta?