Maestras
20 11 2007Si hay (¿hay?) hoy un debate sobre los medios que se repita, ese es el que habla de los contenidos de la televisión, sobre todo de la abierta. Ese que se cierra cuando de un lado se sostiene que la TV es una basura y del otro se contesta que el público quiere esa basura. A eso han llevado los múltiples concursos tinellianos.
El burlarse del otro y la denigración de la mujer, a veces para colmo con la anuencia de la mujer, son la norma para Marcelo. La cuestión es que quienes participan en la discusión demuestran que no comprenden el fenómeno. Porque mientras se levantan las voces culturosas para criticar, el rating no para de subir, los SMS para votar por el gato del momento se envían uno tras otro y al día siguiente de la emisión es tema de conversación si tal debía ganar o si fulana está acomodada.
Todo esto porque pensaba que la bola de mierda, que tampoco comprendo, podía pararse, por ejemplo, en la escuela. Hoy me convencí de que no, que la visión de fin del mundo que se me aparece a veces podría ser una realidad. Fue cuando subieron al bondi de las 7.30 tres maestras de escuela pública rumbo a dar clase. Las tres muy parecidas, bien maquilladas —alguna en exceso— y repartiendo sus perfumes penetrantes por donde pasaran. Una se sentó mientras explicaba que estaba muerta de sueño porque anoche se había quedado viendo Patinando por un sueño. Otra le preguntó quién se había ido del programa. Y la tercera cerró con un “claro, ya sabía que se iba a ir Guercio”.
PD: Sí, volví. No sé hasta cuándo. Gracias a los que preguntaron por la ausencia. Sepan que los recuerdo, sobre todo porque fueron tres.
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