Breves

14 04 2009

Un par de breves tardías que valen la pena y vienen a cortar la sequía de post:

  • Continúa el conflicto en El Cronista, donde los trabajadores piden una recomposición salarial de 500 pesos y su dueño, Francisco de Narváez, les responde con amenazas de despidos. La evolución del conflicto contada por los compañeros de El Cronista se puede seguir desde este blog.
  • Que Crítica de la Argentina tiene “influencias” de Página/12 es sabido, pero esto, este robo, es demasiado.




Chau

2 04 2009

criticatapagn





Vergüenza

15 01 2009

Creemos que al tipo ya no le importa nada. Lo comprobamos una y otra vez. Todo le da lo mismo: un título mentiroso, una nota inflada, un chivo, una operación de prensa. No distingue. Y suponemos, empezamos a pensar, que no es adrede. No lo hace para conseguir pauta ni un sobre que aparecerá registrado en la contabilidad de una empresa como gastos de representación, por ejemplo, ni para lograr más ventas porque la nota aquella tiene un título escandaloso, no. Lo hace porque no le importa. Indiferencia nomás. Porque alguna vez, hace mucho, pidió un título que –como diría Julio Blank (ver La crisis causó 2 nuevas muertes)– “no dice la verdad”, alguien le dijo sí señor y lo escribió. Porque en otra oportunidad sugirió que mejor “no le peguen mucho a Fulano”, y otro pensó que Fulano no tiene una sola pauta pero vaya uno a saber y se tragó una puteada para después cumplir con la sugerencia. Así el sistema se puso en funcionamiento para que los engranajes se muevan aun hoy. Ahora ya no necesita pedir nada. La inercia lleva a que tenga sus deseos cumplidos antes de que aparezcan. Pero el deseo también desapareció. O nosotros creemos eso. Que ya no hace, o mejor, no deja hacer, por cumplir con su deseo sino porque la máquina empezó a funcionar y tampoco hay un motivo para detenerla. Entonces, cuando nos convencemos de que es así, de que no le importa nada, ni la mentira ni la tergiversación, pero tampoco el rigor, los errores ni la estupidez, se nos acerca y en el momento menos esperado, cuando está claramente fuera de lugar, nos suelta un “hay cosas que periodísticamente me dan vergüenza”. Nos asombramos, nos sentimos equivocados. Pensamos que entonces sí le importaba, que se daba cuenta, que no era tan indiferente. Que hay cosas que sí le dan vergüenza, una vergüenza periodística. Por un instante, sólo por un instante, le creemos.





Vividores

11 12 2008

Entre anuncios de créditos para el turismo y de canastas navideñas a 9 pesos. Cristina Fernández de Kirchner dijo:

Yo creo que todos tienen que vivir, algunos viven de las noticias, otros viven de su trabajo, en fin, hay diferentes modos de vivir.

Más allá de las reflexiones sobre el oficio, sobre si el oficio es trabajo o sobre si vivimos del oficio, me deja muy tranquilo que piense que todos tenemos que vivir.





Instituciones

8 12 2008

El editorial de Kirschbaum sigue escrito en arameo. ¿Puede ser que no les de ni siquiera un poquito de vergüenza dejar eso ahí, tan mal escrito? Sí, puede ser. Les chupa un huevo. La institución los protege, y su permanencia en la misma no tiene nada que ver con si pueden o no hacer su trabajo.

Parte de la explicación que da Huili Raffo en Trabajos Prácticos sobre por qué el editor general de Clarín aún conserva su puesto a pesar de que “escribe como si no hubiera ido a la escuela“. Y todo el texto es una justificación de su futuro voto por Dante Caputo. Convincente.





Lugares

7 12 2008

-¿Sabes lo que es una sala de redacción? Es un lugar mágico donde se discute todo el tiempo sobre cualquier cosa.

Clark Johnson, en el papel de Augustus “Gus” Haynes, editor de The Baltimore Sun en la serie The Wire.





Expectativas

1 12 2008

Si hay algo que sigo sin entender es esa cosa que llamamos vocación. Esa necesidad de hacer de una actividad nuestro destino sin tener una mínima idea de por qué. O si hay un motivo termina siendo un tanto fatuo, una racionalización que no supera el mínimo análisis. Pero como sea, para muchos la elección está hecha y se mantiene. No hay vuelta atrás o parece no haberla.

Hablando en las últimas semanas con algunos colegas me encuentro con alguno que está cansado de laburar 12 horas por día, pero que dice que “es lo que hay”. Otro no se queja del trabajo ni —cosa rara— de sus jefes, sino de la gente que tiene a cargo. Un tercero sí no soporta a sus jefes, claro. Un cuarto está cansado de escribir sobre “cosas irrelevantes”, sobre boludeces. Y la lista podría seguir. Tal vez el problema entonces no sean los medios, tal vez el problema sean las expectativas, demasiado amplias para la pobre realidad.








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