Noticiabilidad

27 09 2006

La conversación surgió casual con un colega. Me contó una reunión que tuvo con su editor para tratar de aclarar algunas cuestiones. Él siente que las notas sobre sus temas, esos sobre los que sabe mucho y lo que no sabe lo averigua, empezaban a ser rechazadas en el diario o, en el mejor de los casos, su publicación se dilataba.

—Mirá, si hay algún problema me lo decís —le pidió al editor.

—No, para nada. ¿Cómo vas a pensar que hay algo con vos? Pero tampoco podemos publicar una de tus notas cada quince días.

—Ah… Entonces, ¿cuánto? ¿Una por mes?

—Bueno… Tendríamos que evaluar cada caso en particular.

—Ajá… Como quieras, pero ese tema siempre tuvo buena repercusión.

No, claro, claro… Si a esas notas las elogiaron mucho los gerentes del diario.

Después del relato me puse a pensar en algo que intentaron enseñarme en la facultad: los criterios de noticiabilidad. Aquello que nos dice cuándo un hecho es noticia, cuándo merece ser publicado y en qué dimensión.

Los libros dicen que está relacionado con varios factores, como a cuánta gente involucra e interesa lo sucedido y qué repercusión puede tener. Lo cierto es que en la práctica también entran en juego los supuestos intereses del público del medio y hasta los gustos del editor que debe decidir. Y, en algunos casos extremos, los editores son capaces de resignar todo para hacer caso a los gerentes del medio en el que trabajan.

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Regio

22 09 2006

El tipo es un mentiroso diplomado. Lo saben sus compañeros, que se ríen de la situación y lo critican. “¿Fulano? Pero si ese es un delincuente”, reconocen en voz alta, siempre que no esté cerca.

Hasta su jefe lo sabe y lo admite. Todos acuerdan: sus fuentes son poco confiables o interesadas o las dos cosas, y miente o inventa con frecuencia. Entren a la redacción donde muy de vez en cuando aparece (porque tiene la comodidad de las estrellas de escribir desde su guarida), suelten su nombre y verán.

Aún así, el tipo se cree especialista y a partir de esa falsedad trabaja en gráfica, en televisión y en radio. Más de un lector lo supone infalible y habla con una seriedad que da pánico.

No sólo molesta el engaño al público y sus oscuros arreglos con vaya uno a saber qué personajes más oscuros todavía. Lo peor de la cosa, lo desconcertante, es que, cada vez que el espacio en blanco en la edición del día siguiente lo reclame, su editor va a levantar el teléfono para llamarlo cual salvador: “Hola, ¿Fulano? ¿Qué hacés? ¿Tenés algo? Ajá… bueno, cuánto te parece. ¿Ochenta líneas está bien? Bueno, te mando los cables. Regio.”





Hacha

14 09 2006

Este post llega tarde, lo sé. Es así porque creí que estaba todo dicho. A pesar de que lo sigo creyendo, fueron varios los que me dijeron “¿cómo no publicaste nada?”. No es que este espacio sea importante, sino que les extrañaba la ausencia del tema. Así que aquí voy:

Primero. La publicación en Página/12 del legajo del diputado Juan José Álvarez fue una operación política.

Segundo. Álvarez no merece que se lo defienda, la información publicada es cierta y las operaciones abundan.

Tercero. Aún así, Página/12, Victoria Ginzberg y el Gobierno podrían haber sido un poco menos burdos. Tal vez impulsando desde el Congreso una investigación sobre Álvarez, diciendo en la nota que el legajo fue difícil de conseguir o consultando al ex SIDE como para mantener cierto equilibrio en las fuentes. No hubiera dejado de ser una operación, pero no hubiese sido tan evidente.

Hoy, el mismo diario publica una nota de opinión de Luis Bruschtein —para que todo quede en familia—, titulada Operaciones políticas en los medios, en la que intenta defenderse de los ataques. Aunque el argumento es bueno (si la información es cierta, ¿por qué no debíamos publicarla?), deja alguna duda. Bruschtein dice que si a un periodista le crece cual potus una carpeta de la SIDE en el escritorio, “el dato funciona como un disparador para el periodista, cuyo objetivo es dilucidar la veracidad de la información, corroborarla y ampliarla antes de publicarla, más allá de la intención del informante”. Que entonces Bruschtein diga en qué parte las notas sobre Álvarez muestran que la información fue chequeada. Yo no lo vi.

Es que desde la crítica hecha desde la profesión, se trata de una cuestión de matices. Incluso en la redacción de Página/12 la forma en que se hizo generó vergüenza ajena y propia. ¿Hacía falta tal obviedad?

Operen si quieren, claro, no soy ingenuo. Pero, por favor, que sea con un bisturí y no con un hacha.





Hipervínculos

12 09 2006

Ayer fue el lanzamiento de Perfil.com. Su editor jefe, Daniel Capalbo, escribe una columna titulada Los dinosaurios van a desaparecer (dejemos de lado la originalidad o no del título), donde intenta dar las claves del periodismo en la web y dice: “Hacer periodismo digital tiene la mayor de las ventajas. Uno no se siente obligado sólo a trabajar un buen texto. La obligación ahora es el hipertexto”. Sería interesante que se lo transmita a la gente que tiene a su cargo. Digo, como para que no pasen cosas como esta:

Porque que en un medio digital aparezca un “Ver testimonios” en vez de un link queda un poco feo, ¿no?





Gente hablando

11 09 2006

Lo dijo Roberto Herrscher, un argentino que dirige el Máster en Periodismo dictado en conjunto por las universidades de Barcelona y de Columbia. Porque hay citas, y citas. Y porque la gente habla, no da declaraciones para la prensa. Entonces, Roberto se tocó la barba que le rodea la cara colorada, empezó con “yo creoo…”, pero desistió y, después de dar con la palabra exacta, fijó los ojos en un estante con libros que tenía frente a él y soltó:

Siento que no tenemos que poner declaraciones en las notas, tenemos que dejar de escribir declaraciones a la prensa y empezar a mostrar gente hablando.”





Tapas

4 09 2006

Resulta que Página/12 sabe cuánto ganan los chicos que trabajan, ajá… ¿Valía la pena darle tanta relevancia a ese dato? Supongamos que sí. Todo muy bien, pero la misma nota firmada por Mariana Carbajal dice que “el dato, todavía preliminar, surge de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (Eanna), un emprendimiento conjunto del Ministerio de Trabajo y el Indec en el marco del Programa «Encuesta y Observatorio de Trabajo Infantil»”. Y más adelante aclara: “La Eanna es el primer relevamiento sobre trabajo infantil del país y se hizo en 2004”. Incluso la nota cita a “Emilia Roca, que se dedica al análisis de los datos recolectados desde el Observatorio de Trabajo Infantil”, diciendo: “Todavía seguimos procesando los resultados de la encuesta”. Está bien, tómense su tiempo. Una palabra y un número para tener en cuenta: preliminar y 2004.

Redactora y editores (no olvidemos el organigrama) decidieron armar una tapa con información preliminar y de hace dos años. ¿Qué validez tiene el dato en un contexto de permanentes cambios económicos? ¿Tanta como para ir a la tapa? Y antes, ¿qué importa cuánto ganan cuando el problema es que deben trabajar? Al menos la nota no lo explica, aunque esas cifras se repiten en la bajada, la cabeza y el segundo párrafo. Como para que quede claro.





Autenticidades

1 09 2006

Recorrer una manifestación política y tomar testimonios de los concurrentes es una tarea interesante que desnuda lo que sucede en las bases más allá de los discursos desplegados en un escenario.

La “contramarcha” organizada por Luis D’Elía en contraposición a la de Juan Carlos Blumberg para que la gente bien pida mano dura dejó al descubierto algunas cosas, ciertas autenticidades.

Presentarse entre los integrantes de los movimientos piqueteros como periodista generaba rechazo. La respuesta era el silencio o, en el mejor de los casos, un “andá a hablar con aquel de allá, yo no te puedo decir nada porque tengo un dirigente encima mío”. Así, las organizaciones sociales kirchneristas mostraban militantes temerosos de hablar con la prensa y una verticalidad muy similar a la de las fuerzas armadas.

Pero las cercanías con los militares que estaban en la Plaza de Mayo eran más. Uno de los seguidores de D’Elía se olvidó del superior y accedió a dar su opinión sobre Blumberg: “¿Y qué querés? Si ese es un judío”. La apreciación era un error; el fascismo, auténtico.