Infierno II

30 12 2006

Ahora fue posible quitar la fotografía de Luis Gerez de allí al costado. Uno de los testigos desaparecidos reapareció.

El gobernador Felipe Solá, el ministro del Interior, Aníbal Fernández; el ministro de Seguridad de la Provincia, León Arslanián, y el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Edgardo Binstock se ocuparon de resaltar que el héroe de la jornada fue el presidente Kirchner porque —según ellos— el discurso emitido en cadena nacional fue lo que logró la liberación. A pesar de ello, a pesar de que la imagen de Gerez ya no tendrá que ser levantada en marchas pidiendo su aparición con vida, las responsabilidades gubernamentales continúan intactas.

Los gobiernos nacional y provincial tienen responsabilidades que no pueden ocultar ni negar tanto sobre lo ocurrido como sobre la desaparición de Jorge Julio López. No deberían presentarse como los ganadores de nada. Aún queda un desaparecido. Así, esto sigue pareciéndose al infierno.

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Infierno

29 12 2006

Fue necesario agregar allí a la derecha la foto de Luis Gerez con la frase “Aparición con vida ya”. A más de dos meses de la desaparición de Jorge Julio López, la historia se repite implacable, como si hubiese sido inevitable. No obstante, las medidas para que la dictadura no volviera en tiempos de la democracia podrían haberse aplicado. El gobierno de Néstor Kirchner, en cambio, prefiere mantener un discurso de defensa de los derechos humanos, pero sin llevarlo a la práctica.

Ayer, un comunicado del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), dirigido por Horacio Verbitsky —tal vez aún defensor del Gobierno, que mantiene el silencio sobre el caso—, difundió un comunicado en el que señala que la desaparición de Gerez “pone en evidencia la ineficacia de las autoridades nacionales y provinciales en la protección de los testigos” en causas por delitos de lesa humanidad. “Es imprescindible fortalecer aquellos resortes institucionales que son garantes del proceso de Justicia abierto contra los responsables del terrorismo de Estado y reforzar las medidas de protección y contención de víctimas y testigos”, indica la organización.

El Cels ya lo había hecho notar antes y recuerda en el comunicado que “hace cien días se solicitó formalmente al Gobierno nacional que se desclasificara la información sobre el personal que prestó servicios durante la dictadura militar, aunque hasta el día de hoy no se ha obtenido respuesta”. Exacto. Ni la desaparición de López —posterior a ese pedido— ni las tres amenazas —sí, tres— recibidas por Gerez fueron suficientes para que el discurso sobre derechos humanos se plasmara en la realidad. Es cierto que la esposa de Gerez reconoció que él mismo rechazó la custodia, ¿pero debieron los encargados de su seguridad respetar esa decisión? Si los delitos de lesa humanidad son los más graves, aquellos que no prescriben, ¿por qué se descuida a quienes atestiguan contra los criminales que los cometen?

Está muy bien que la ESMA se trasnforme en un Museo de la Memoria, que el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Edgardo Binstock, acompañe a los familiares de Gerez, que el propio presidente diga que encabeza la investigación, pero nada de eso alcanza. Mientras los derechos humanos no dejen de ser discurso para transformarse en políticas, dificilmente —como dice Kirchner— salgamos del infierno, sino que estamos entrando en él.





Castigo

28 12 2006

No es ninguna novedad que éste, como muchos otros, es un oficio en el que los reconocimientos no abundan. Se sabe, nadie va a decir que el trabajo está bien hecho aunque lo esté. Pero últimamente se llega a un punto extremo: ante la buena labor se castiga.

A ver si me explico. Conozco un par de Fulanos y Fulanas que hacen un buen trabajo, cubren bien un tema X y escriben unas notas cuidadas sobre eso. Jamás recibirán un reconocimiento de sus superiores, lo saben, a pesar de que les llegan por parte de los lectores y algunos de sus colegas. Ya se acostumbraron a la indiferencia de sus jefes y no esperan otra cosa. Pero después de un tiempo dedicándose a ese tema X, cuando lo conocen y tiene las fuentes, hay que hacer una nueva nota y los editores se encuentran en la siguiente charla:

—Hay que hacer algo sobre X.

—Se lo damos a Fulano.

—No, Fulano ya hizo un par de tapas sobre eso. Mejor se lo pasamos a Mengano, porque después se la cree.

—Bueno.

Entonces Fulano (o Fulana, da igual) pasa media hora explicándole a Mengano con quién puede hablar, a quién llamar, qué preguntar a cada uno.

Tal vez me equivoco, pero hay cierto sadismo y también algo de estupidez en esa mecánica. Hay distintas respuestas a la repetición de esas situaciones. Algunos, los que pueden, buscan nuevos horizontes en otros medios. Otros se cansan, se deprimen o lo que sea y pasan años sentados en una redacción pensando, casi siempre, que todo da igual.





Rabia

23 12 2006

Hay una forma de pensamiento autoritaria, despiadada y compartida por algunos, incluso por muchos que dicen ser progresistas. No es algo nuevo, pero me cansé. Digo que estoy asqueado de aquellos que piensan que el mejor método para terminar con la rabia es matar al perro y que encima se creen defensores de los animales. Eso.





Mareo

20 12 2006

Ayer sufrí un mareo. Fue cuando leía que Infobae.com confirmaba que dos policías habían querido robarse parte del rescate en el secuestro de Hernán Ianonne, Ianone o Iannone (que todos se pongan de acuerdo de una buena vez en cómo se escribe). Infobae tenía una fuente inobjetable: “el periodista Raúl Kollman” (sic.).

Resulta que Raúl “Tuni” Kollmann, sin citar ninguna fuente y como si él mismo fuese vocero de la fiscalía de Tres de Febrero que investiga el caso, decía que sí, que dos integrantes de la Bonaerense trataron de quedarse con 47 mil pesos, pero después los devolvieron porque el padre del secuestrado se dio cuenta de que faltaba parte del dinero.

Todo me empezó a dar vueltas cuando pensé en lo que estaba pasando en el más superficial nivel de lo mediático. Kollmann, que escribe en Página/12, es columnista de Telenueve y de Ari Paluch, salía al aire en Radio 10 para hablar en el programa de Chiche Gelblung y dar la primicia exclusiva que luego era reproducida por Infobae.com y que hoy es posible leer en Página/12. Todo un viaje.





Pirulo

18 12 2006

En el blog Sucesos Argentinos, P. S. dice que este año hay una noticia olvidada. Se refiere al secuestro, tortura y asesinato de Lucas Ivarrola, un chico de 15 años, a manos de tres suboficiales en actividad de la Armada Argentina que, para superar cualquier estereotipo, se movilizaban en un Ford Falcon verde.

La mención a ese hecho me hizo recordar cómo la noticia se movió por los circuitos de parte de la redacción de Página/12 de un modo —voy a ser condescendiente con algunos— errático. Ese crimen, cometido por esas personas, en esas circunstancias, tiene un significado diferente en un diario que levanta más alto que ningún otro la bandera de los Derechos Humanos. Sin embargo, cuando el cable llegó a la mesa de trabajo, el editor a cargo lo leyó y ordenó: “Hacé un pirulo de seis líneas”.

El que recibió la orden y el cable en su vieja 286 (los más jóvenes sepan que son unas computadoras de 20 años de antigüedad, 17 las más nuevas) fue un pasante. Lo leyó. “No, esto no puede ser nada más que un pirulo. Escuchá.” Entonces, lo volvió a leer, pero en voz alta. Tenía razón. A su lado, un redactor se levantó para verificar él mismo el cable en el monitor. “¿Y van a hacer un pirulo con esto?”

La mala decisión del editor fue subsanada por el criterio de un pasante y un redactor que le plantearon sus dudas sobre el espacio que iba a recibir la nota. Finalmente fueron 55 líneas. No estaban tan equivocados: un día después fue tapa y una doble página el domingo siguiente.





Déjà vu

13 12 2006

Creí tener un déjà vu. Pero no, me equivoqué. Fue hace un rato nomás, cuando leía en Página/12 una nota firmada por Mariana Carbajal (sí, otra vez, qué puedo hacer, más material para los que llegan al blog buscándola en Google) sobre un proyecto de ley que castiga la violencia contra la mujer.

La primera nota sobre el tema fue la tapa de ayer. Y quedará para otra oportunidad la discusión acerca de si era válido hacer la tapa del diario con un proyecto de ley que iba a ser tratado en la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados, que aún no había llegado al recinto. Voy a pensar que el público de Página/12 tiene especial interés por esa norma y voy a continuar con lo que me interesa.

Es que estaba leyendo la nota de hoy, les decía, y encuentro que afirma que el proyecto “amplía la definición de violencia e incluye entre las conductas que podrán denunciarse aquellas que ocasionen daño emocional y disminuyan la autoestima, como tratos humillantes y vejatorios, vigilancia constante o frecuente, celos excesivos, intimidación o chantaje. Las mujeres podrían pedir protección judicial frente a actitudes violentas de novios o ex novios –actualmente las denuncias se limitan a cónyuges o concubinos–. Entre otras novedades, prevé que el juez pueda ordenar, en la sentencia, que el agresor indemnice por los daños causados a la víctima por el maltrato, como gastos de mudanza, legales, médicos, psicológicos, de alojamiento, reparaciones de propiedad, y también lucro cesante. Si el agresor no cumple las medidas ordenadas por el magistrado para proteger a la víctima, se le podrán imponer multas a favor de la víctima, o su conducta violenta podrá ser dada a conocer en su lugar de trabajo, o en el gremio o la asociación profesional a la que pertenezca.” Un gran avance, como califica la nota, sin dudas. Pero terminé de leer eso y tuve la sensación de que ya lo había leído antes.

Lo primero que pensé fue que se trataba de un déjà vu, obvio. Pero empecé a hacer memoria. Después, desconfiando de mí mismo, fui al diario de ayer. Y ahí estaba la misma parrafada. Idéntica, ni una coma de diferencia. Las mismas 155 palabras, los exactos 981 caracteres con espacios, en las notas de ayer y de hoy.

Sospeché que podía ser un textual que valía la pena repetir sin modificación, aunque no encontré el entrecomillado. Una pena, porque me encantan los déjà vu.