Alma

27 02 2007

“Nadie que quiera expresarse con toda el alma deja de sentir el esfuerzo vano y el resultado pobre.” Leído en el texto “Robinsón en Chile” (así, con acento en la última o), que forma parte de Un día menos, de Bernardo Kordon, 1966.

Llegué a Kordon por casualidad. Me enteré primero de su muerte, en 2002, por medio de un suplemento literario. Supe que tenía que leerlo. Poco después, hace tres o cuatro años, en una feria del libro me choqué con una mesa de la editorial Corregidor que tenía una pila de ejemplares de sus Cuentos completos editados en 1978, a sólo 8 pesos. Ya no pude parar. No es fácil conseguir su obra. Incluso, hace no mucho le pregunté a un estudiante de letras qué le parecía: jamás lo había oído nombrar, no le enseñan eso en la facultad, me dijo. Con la intención de que cada vez sean menos los que no lo conozcan, aquí un cuento suyo que me encontré en la red.





Preguntar

21 02 2007

No tengo la pretensión de teorizar, ni siquiera de ser riguroso. Pero leo a Martín Caparrós, en El Interior: “Hay veces en que tengo, todavía, que preguntar alguna cosa. Pero son las menos: los argentinos hablan, quieren hablar.” Dice él y me acuerdo, de golpe, de la forma que tomaban las entrevistas hechas por Fabián Polosecki. Me choca, inevitablemente, con lo que se ve y se escucha ahora, incluso, a veces, con lo que se lee.

No sé si la forma que tiene Caparrós de encarar el reporteo para una crónica es anterior, posterior o simultánea a lo poco que en televisión pude ver de Polosecki, pero son modos bastante similares. Con una edición sencilla, austera —que se extraña ante tanto videoclip y efecto en postproducción— sus programas mostraban entrevistas en las que sus silencios eran fundamentales, donde las preguntas se acercaban de a poco al personaje, le sacaban sus cáscaras de a una hasta llegar al centro, a los sentimientos tal vez. Claro, cuando se llegaba a esa instancia no siempre el entrevistado se mostraba en palabras, a veces era sólo una mirada que el silencio permitía observar.

Digo, la frase en El Interior me retrotrajo a eso y, también, me hizo notar, otra vez, su contraparte: la pregunta desenfrenada, atolondrada, que quiere ya, en el instante, lograr lo que se está buscando. A veces, confirmar una idea o un prejuicio. En este caso, el cuestionamiento repetido hasta el hartazgo es el “¿qué sentís?”, en sus diferentes variantes de persona y tiempo verbal. Con dos palabras se pretende conseguir “la imagen” y “la declaración”.

Hay un ejemplo que todavía recuerdo. Fue en el programa La Liga, el año pasado. Tartagal, en Salta, era arrasada por un río que las lluvias hicieron incontrolable. Su cauce se había llevado varias casas y parte de la ciudad estaba inundada. Muchos evacuados, algunos que vieron cómo sus viviendas se derrumbaban cuando el río les arrancaba los cimientos, estaban en escuelas. A una de ellas llegaron dos cámaras con María Julia Oliván. Desde que entró no hizo más que relatar, en una clara redundancia, lo que las imágenes mostraban: ropa tendida, ollas, colchones en el piso. Una de las entrevistas fue con un chico —siete, ocho, no más de diez años— que contaba cómo vio a su casa venirse abajo en una crecida. Después del relato, su gesto mantenido en un primer plano por unos segundos hubiese sido suficiente para convocar las lágrimas en el más cínico. Pero la periodista debía cumplir su función, ir más allá: “¿Y vos qué sentiste?”. Así, rompió el silencio, el clima, para obtener la respuesta obvia.





Volvió

17 02 2007

Parece que leyó, y con atención. Sobre todo eso de que a veces es tan sencillo como hacer click en publicar. Después hay que hacerse cargo, claro, pero para él, aparentemente, no es problema. Así que Papipo volvió. Sí, eso. Sus primeras palabras en su Del ½ (recargado):

Damas, caballeros y por qué no niños y niñas: suponía que mis vacaciones y posterior fallecimiento pasarían desapercibidos, pero no. Post y comentarios en blog ajenos, emails, SMS, mensajes y hasta amenazas personales para que no me bajara de la blogosfera me empujaron a recargarme. Como quemé el anterior delmedio.blogspot vuelvo con esta nueva URL. Y ahora a postear.

Bienvenido. Aunque, en realidad, nunca se fue.





Pintura II

15 02 2007

Bien, ya está. Por fin cambié un poco los colores. Lo había prometido y me retrasé. Es una combinación de cansancio por lo anterior y aparición fortuita de algo nuevo. De todos modos, en una de ésas me canso de nuevo y vuelvo al modelo anterior. Apenas si cambió el aspecto: el mismo perro con otro collar.





Parquet

11 02 2007

A ver. ¿Cómo hacer para escribir sin meterse en quilombos con esta gente? Ay, ya empecé mal. Porque más de uno preguntaría por qué me refiero así, tal vez despectivamente, a “esta gente”. Y por qué hablo de “quilombos” en vez de problemas, por ejemplo.

Me explico: no soy gorila. Es decir, no soy antiperonista. Y si algo me molesta del peronismo, no es su base popular ni la aceptación o pasión, según el caso, que tiene o tenía —otra discusión en la que no quiero enlodarme ahora— entre los trabajadores. No.

Todo esto para evitar que se malinterprete lo que sigue. Para decir que la historia según la cual quienes recibían viviendas durante alguno de los gobiernos de Perón levantaban el parquet y lo quemaban en el fuego de un asado es, para mí, una muy buena y efectiva leyenda urbana. Porque sirvió en principio para que los antiperonistas atacaran a los peronistas. Pero también logró otros significados, y los seguidores del General (¿está bien la mayúscula?) la utilizan para defenderse: “Ven, los oligarcas nos atacan con esas mentiras”.

La cuestión es que me reencontré con una canción de la banda DDT (ex Demonios de Tazmania), de su disco Rocketer, llamada El último grito de la moda (disponible para escuchar más abajo), que contiene una interesante lectura política condensada en un pegadizo estribillo. El tema pone en palabras —muy pocas, es cierto— el clima político que se respira, parecido a la vuelta a ciertos antagonismos con pocas ganas de desaparecer. Nos muestra que la leyenda del asado con el parquet todavía mantiene alguna vigencia, a pesar de los menús previos. Algo que, en parte, se verifica en ese vuelo de acusaciones de un lado a otro: “Usted se caga en la República”, “Ustedes son el pasado”, “¡Autoritario!”, “¡Los estoy sacando del infierno!”. Y así. El mérito de DDT es mayor porque la letra fue compuesta en 2002, cuando ese clima ni se adivinaba.





Función

7 02 2007

El domingo pasado La Nación publicó una entrevista al secretario de Medios de la Nación, Enrique “Pepe” Albistur. Fue una de las pocas notas que dio desde que en el 2003 ocupa un despacho en la Casa Rosada. Ayer noté que hay una pregunta que faltó, que se vuelve necesaria: ¿Cuál cree él y el Gobierno que debería ser la función de la agencia estatal de noticias, Télam?

La principal tarea es informar antes y mejor que nadie sobre lo sucedido en los organismos estatales. Si, por ejemplo, se toma una decisión en un ministerio, la primera información a los medios del país debería llegar a través de Télam. Ayer renunció el secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Miguel Campos. Quienes no se enteraron a través de sus propias fuentes recibieron primero un cable de Diarios y Noticias y, quince minutos más tarde, entonces sí, uno de la agencia estatal. Ambos citaban a fuentes oficiales del Ministerio de Economía y tenían exactamente los mismos datos. Es cierto que la diferencia temporal entre uno y otro despacho no fue mucha, aunque se vuelve importante para los medios audiovisuales. Es también cierto que se trata de una secretaría, tal vez algo no demasiado relevante, pero ¿qué hubiese pasado si se trataba de algo de mayor importancia?

Para compensar, Télam hizo una ¿exhaustiva, intensa, excesiva? cobertura de la visita de la senadora Cristina Fernández de Kirchner a Francia. Desde la firma de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra la Desaparición Forzada hasta su asistencia a la función de un ballet, pasando por las repercusiones de su actividad oficial. En total, desde que inició su servicio del día hasta las 19.30, Télam llevaba emitidos 33 despachos con el título guía “Cristina Fernández”. No sé cuántos envió después. Ah, y además, como es verano, publicó una nota firmada por su enviado especial a Mar del Plata sobre la reproducción en cautiverio de los delfines.





Perdimos

5 02 2007

Lo conocí poco antes de empezar con este blog. La verdad es que no me acuerdo cómo fue, qué link me llevó hasta allí, qué búsqueda en Google me devolvió su atrevimiento como resultado. De a poco, Del ½ se volvió un lugar de consulta permanente, casi como cualquier diario.

Creo que nadie tuvo información sobre tantos medios al mismo tiempo, nadie generó debates tan apasionados, aunque a veces, es cierto, se poblaban de necios. Parece que algunos de esos comentadores terminaron por cansar a Papipo, su creador. Lo agotaron. Según se supo, harto de un puñado de imbéciles empeñados en atacarlo y tratar de dilucidar quién estaba detrás de ese asno, Papipo optó por suicidarse virtualmente. Con su muerte, también perdimos el mejor blog sobre medios de la Argentina.

Sirvan estas líneas como intento de homenaje a alguien de quien jamás tuve la necesidad de conocer más de lo que decía. Y donde estés (¿dónde van a parar los seudónimos muertos?), sabé que es posible resucitar con sólo hacer click en publicar.

Último momento (17/02 a la 1.09): Papipo volvió con Del ½ (recargado).