Preguntar

21 02 2007

No tengo la pretensión de teorizar, ni siquiera de ser riguroso. Pero leo a Martín Caparrós, en El Interior: “Hay veces en que tengo, todavía, que preguntar alguna cosa. Pero son las menos: los argentinos hablan, quieren hablar.” Dice él y me acuerdo, de golpe, de la forma que tomaban las entrevistas hechas por Fabián Polosecki. Me choca, inevitablemente, con lo que se ve y se escucha ahora, incluso, a veces, con lo que se lee.

No sé si la forma que tiene Caparrós de encarar el reporteo para una crónica es anterior, posterior o simultánea a lo poco que en televisión pude ver de Polosecki, pero son modos bastante similares. Con una edición sencilla, austera —que se extraña ante tanto videoclip y efecto en postproducción— sus programas mostraban entrevistas en las que sus silencios eran fundamentales, donde las preguntas se acercaban de a poco al personaje, le sacaban sus cáscaras de a una hasta llegar al centro, a los sentimientos tal vez. Claro, cuando se llegaba a esa instancia no siempre el entrevistado se mostraba en palabras, a veces era sólo una mirada que el silencio permitía observar.

Digo, la frase en El Interior me retrotrajo a eso y, también, me hizo notar, otra vez, su contraparte: la pregunta desenfrenada, atolondrada, que quiere ya, en el instante, lograr lo que se está buscando. A veces, confirmar una idea o un prejuicio. En este caso, el cuestionamiento repetido hasta el hartazgo es el “¿qué sentís?”, en sus diferentes variantes de persona y tiempo verbal. Con dos palabras se pretende conseguir “la imagen” y “la declaración”.

Hay un ejemplo que todavía recuerdo. Fue en el programa La Liga, el año pasado. Tartagal, en Salta, era arrasada por un río que las lluvias hicieron incontrolable. Su cauce se había llevado varias casas y parte de la ciudad estaba inundada. Muchos evacuados, algunos que vieron cómo sus viviendas se derrumbaban cuando el río les arrancaba los cimientos, estaban en escuelas. A una de ellas llegaron dos cámaras con María Julia Oliván. Desde que entró no hizo más que relatar, en una clara redundancia, lo que las imágenes mostraban: ropa tendida, ollas, colchones en el piso. Una de las entrevistas fue con un chico —siete, ocho, no más de diez años— que contaba cómo vio a su casa venirse abajo en una crecida. Después del relato, su gesto mantenido en un primer plano por unos segundos hubiese sido suficiente para convocar las lágrimas en el más cínico. Pero la periodista debía cumplir su función, ir más allá: “¿Y vos qué sentiste?”. Así, rompió el silencio, el clima, para obtener la respuesta obvia.

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10 responses

21 02 2007
Juan Manuel

Totalmente. Lo de Maria Julia Olivan SIEMPRE fue obsceno en el sentido más literal de la palabra, queriendo mostrar más de lo necesario. Una vez hizo una nota sobre un edificio ocupado y sus preguntas eran tan burdas en relación a la situación “ah, y esta es tu casa?” y lo peor era la forma en que besaba a la gente, como quién intenta ganarse su confianza pero no deja de sentir cierto asquito capitalino frente al villero.

En el blog “el Submundo del Espectaculo” Mauro Fernández escribió dos textos, de los más lúcidos que leí en la blogosfera:

http://elsubmundodelespectaculo.blogspot.com/2006/08/los-periodistas-son-peor-que-la-polica.html
y
http://elsubmundodelespectaculo.blogspot.com/2006/10/odio.html

(perdón pero no se como poner el hipervínculo en la palabra desde la caja de texto!).
Excelente texto Clark!

21 02 2007
malena

Sí, siempre tuve esa sensación con Oliván. Habla con el basurero buscando ser una empleada de cliba más, en lugar de reconocer su propia identidad y a partir de eso interrogar al otro. Su naturalidad es tan forzada que se ridiculiza.
Yo también leí El interior, nunca lo terminé, pero también noté esa impaciencia por encontrar la respuesta. Supongo que será la inmediatez que nos pisa los talones a los periodistas, y muchas veces nos hace escupir cosas que deberíamos digerir mucho tiempo más…nosé
Me gustó haber encontrado este espacio, saludos.

21 02 2007
Clark

Juan Manuel, gracias. Es obsceno, sí, y subestima al televidente: ¿Hace falta que me diga qué estoy viendo? Ah, ya había leído el primer texto. Lindo debate se armó.

Malena, también gracias. Es cierto lo de la naturalidad forzada. Además de las muchas otras diferencias con Caparrós, él se hace cargo de su porteñidad, digamos. Se asume así y, en parte, eso es lo que suma en el libro, creo.

21 02 2007
PS

Clark. no leí El Interior, pero si en algo se parece a Larga distancia, entonces debe estar bueno.
Tu comentario es oportuno, pero me pregunto si, salvo excepciones como la de Polo,- en tv -y en radio- los periodistas no se quedan siemrpe presos de las obviedades. El caso de Olivan es uno más, me parece-

21 02 2007
Clark

PS, tanto tiempo… Yo no leí Larga distancia, así que todavía no puedo comparar, pero El Interior viene bastante bien. Y, claro, el de Oliván es un caso más, lo cito sólo como ejemplo, por algún motivo todavía lo recuerdo.

23 02 2007
malena

Sí sí, Caparrós es otra cosa. Además, mientras lo leía en El interior lo escuché en una entrevista que le hizo a Eloy Martínez en el Malba, y me lo imaginaba con ese bigote, ese porte, esa voz entre elegante y un tinte de soberbia hablando con los peones de una estancia en Corrientes y sí, Caparrós no intenta ser como su entrevistado, como bien decís, se hace totalmente cargo de su porteñidad.

23 02 2007
Marcelo

Exactamente eso, asumir su lugar y luego, desde allí, indagar respecto del otro, es lo que hace a un buen entrevistador.
Y no sólo a un entrevistador periodístico, sino a un entrevistador general, por ejemplo, a un sociólogo que trabaja mucho con técnicas cualitativas.
Me da risa cuando algunas pseudoprogres (con muchas, pero muchas tierras en la zona de Punta del Este, heredadas por vía marital) dicen que hay que ponerse “en situación” para alcanzar una “paridad” con el entrevistado. Y eso se lo dicen a sus discípulas/esclavas.
Asumiendo el rol y el lugar de uno, desde ahí, entonces, es todo mucho más fácil y el intercambio con el otro se da de un modo mucho más rico, más fluido y, sobre todo, más creíble.
Mi brindis por Caparrós, entonces. Y por los que trabajamos en serio (no haciendo monografías para el Germani…) como él.
Salud.

25 02 2007
Anónimo

HABLANDO DE VOLVER… VOLVIÓ LIMAMOS!!!!!!

25 02 2007
jose

Cada vez que hago una entrevista, encuentro más útil quedarme callado. Ver qué pasa con el silencio, cómo lo soportamos y qué sale de ahí. Es incómodo, pero puede ser productivo

También me trajo algunos buenos resultados preguntar cosas muy sencillas, que aparentemente traerán respuéstas simples. Pero eso no siempre pasa

26 02 2007
1Clandestina1

Respeto… silencio… simpleza… humildad… ponerse en el lugar del otro para darle voz, NO para hablar por él ni ser su “traductor”. Creo q en estas épocas del clip, del rapi todo (o casi, aún se presenta resistencia a la vorágine vacía o al vacío q alimenta), de egos inflados, se suele olvidar q uno es puente entre dos orillas, herrramienta, de ninguna manera protagonista…

Muy buenas miradas y análisis, Clark y todos… otra vez, gracias. Besos

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