Fútbol

29 06 2007

Después de tanta idiotez dicha y escrita sobre la violencia en el fútbol, sobre el folcklore futbolero y la sociedad violenta que lo rodea, y —aunque tiene poco que ver— para los que creen que critico a Página/12 porque sí, recomiendo la contratapa de hoy de Fernando D’addario, que empieza así:

El lunes pasado fui a ver Nueva Chicago-Tigre, sin ser hincha de ninguno de los dos equipos. El interés por el partido tenía un innegable ingrediente deportivo –la definición del último descenso al Nacional B–, pero respondía también a una realidad extrafutbolística: se trataba, a priori, de un choque caliente, dentro y fuera de la cancha. Llegué a Mataderos guiado por esa clase de adrenalina que convoca silenciosamente a la violencia.





Ofrecimiento

26 06 2007

Me enteré de la existencia de Télam sin censura, un blog que los trabajadores de la agencia estatal de noticias comenzaron para reclamar por las presiones que sufren y por la pérdida de calidad en el servicio, y me acorde de algo que me contaron hace un tiempo. Resulta que a un periodista le habían ofrecido algo. ¿Cómo había sido? Ah, sí, cierto. Más o menos así:

—Te quería hacer un ofrecimiento —le dijeron. Me pidieron de Télam si podía conseguir gente para unas pasantías para el sitio web. Quieren relanzarlo. Te digo a vos porque me parece que tenés el perfil que buscan: alguien que escriba y que esté informado de política, que pueda analizar un poco, ¿me entendés? Porque no es que haya censura, pero la agencia tiene una función y no se puede escribir cualquier cosa. De las condiciones todavía no sé mucho, pero debe ser como en cualquier otra pasantía. Eso sí, es para empezar a fin de mes. ¿Te interesa?





Suficiente

19 06 2007

Está bien, el tipo minitió. Juan Carlos Blumberg no es ingeniero, está claro. Es un fascista, también lo entendí. Es un mentiroso y un fascista. Macri se junta con él y por eso, entre otros motivos, no hay que votarlo el 24 de junio. Porque más allá de lo que él mismo sea, está al lado de un fascista mentiroso. Y no hay peor cosa que un fascista que encima miente. O sí, hay, pero no importa. A mí ya me quedó claro. Ya lo sabía antes y ahora no tengo dudas: Blumberg es malo y lo que lo rodea también. Así que ya es suficiente, ¿sí? Gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





Cacería

14 06 2007

Lo anunciaron como una exclusiva: “Hablamos con Facundo Macarrón”, dijeron. Pero era una estafa en todo sentido. Un engaño al público y al mismo Macarrón. Es que el programa La Liga, de Telefe, decía haber conseguido lo que todos querían: la palabra del acusado (en realidad imputado por una sospecha leve) de haber abusado de su madre y luego matarla.

En realidad, lo que La Liga mostraba el martes pasado al final de un extenso informe sobre el asesinato de Nora Dalmasso era a María Julia Oliván sin micrófono y con una cámara que la tomaba desde al menos unas cuantas decenas de metros de distancia mientras abordaba a Facundo Macarrón cuando llegaba o se iba de una universidad. El procedimiento era igual al de cualquier cámara oculta y por ello desleal con el entrevistado, que no era tal porque no estaba al tanto de que lo filmaban. En este caso la utilización de ese recurso es imposible de justificar ya que ni siquiera es puesto en escena para la obtención de información de interés público. Al menos Oliván quedó en ridículo por la falta de información demostrada y las respuestas recibidas.

La cacería que los medios iniciaron con el hijo de Dalmasso como presa es analizada hoy en la tapa de Página/12. Se trata de una iniciativa valiosa a pesar de que el diario es incapaz de la mínima autocrítica. Allí, la nota de Mario Wainfeld se ocupa de aclarar que, aunque el tratamiento mediático se olvide, Facundo Macarrón es, como todos, inocente:

“¿Sos inocente?”, le preguntan varios movileros mientras lo encierran.

Algunos, más lanzados, optan por “¿La mataste, Facundo?”

Habría que repasar los anales del periodismo internacional para precisar cuántas veces se obtuvo una confesión así, de alguien que va a “estar a derecho” en tribunales, con asesoramiento jurídico. No hace falta ser un iniciado para concluir que las chances son irrisorias. La pregunta no es tal, es un modo tortuoso de acusación. Hay otros, claro.





Felicidades

11 06 2007

Ante tanto (en realidad no fue mucho) discurso con felicitaciones y referencias a la libertad de expresión y a la tarea que realizamos en pos de una sociedad mejor, entre otras buenas intenciones, necesito marcar un par de contradicciones sobre el 7 de junio, el Día del Periodista que fue el jueves pasado y al que llego tarde.

El 7 de junio fue establecido como Día del Periodista porque en esa fecha, pero de 1810, Mariano Moreno fundó La Gazeta de Buenos Ayres. El sitio web del Ministerio de Educación lo recuerda y cita una frase del prócer:

¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?… Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Aires.

La cuestión es que habría que revisar si los deseos eran tan justos y si Moreno era un amante de la prensa libre. Al menos para cambiar el día de la celebración. Es que repasando su Plan de Operaciones para la revolución no aparece tan claro que el interés de Moreno fuera informar. Allí se señala, por ejemplo, que

la semana que haya de darse al público alguna noticia adversa, además de las circunstancias dichas, ordenar que el número de gacetas que hayan de imprimirse sea muy escaso, de lo que resulta que siendo su número muy corto, podrán extenderse menos.

Y en otra iniciativa del Ministerio de Educación (que por favor no se entienda una operación macrista ni kirchnerista detrás de este post, es sólo que el Ministerio quedó en el medio por casualidad), periodistas de distintos diarios contestaron preguntas sobre el oficio a alumnos de primaria y secundaria.

Alguien quiso saber cómo se consigue una primicia y el encargado de echar luz sobre el asunto fue Raúl Kollmann. Tuni dice que las fuentes se comunican con los periodistas “serios” y “creíbles” para darles información y asegura que otro método para lograr primicias es “no creer en la historia oficial, buscar lo que hay verdaderamente detrás”. Ahora falta que responda cómo hace él para obtenerlas.





Desesperación

6 06 2007

A los medios los hacen personas. Está bien. Pero qué pasa cuando los medios terminan por dominar a las personas. O peor, cuando la competencia entre medios determina la producción periodística. Y no sólo como una variable posible, sino como la variable única.

La selección de la información, el tratamiento que se le da y el modo en el que se la presenta no responden a causas relacionadas con lo periodístico, ni siquiera a lo que un determinado medio debe ser en función de su público o sus intereses económicos o políticos. Nada de eso. Se es y se hace por lo que es y hace el otro. Se toman decisiones sólo a partir de lo que hace el medio con el que se “compite”. Incluso aunque no se sabe por qué se compite: si por el público, la primicia o la publicidad.

Cuando Clarín.com no tenía ese formato blog que tiene ahora, sino que jerarquizaba las noticias por algo más que el eje temporal, he visto a editores de diarios escritos revisarlo para decidir cuánto espacio iban a dar a tal o cual nota en la edición del día siguiente. Cuanto más arriba la publicaba Clarín.com, más líneas se escribían. El justificativo no era otro que lo que hacía el otro medio. No se decía que era más relevante para la línea editorial, los lectores, los intereses económicos o lo que fuere. Sólo importaba lo hecho por la competencia.

El mecanismo se exacerba en tiempos de medios digitales. Y ya no sólo afecta a redactores ansiosos por una palmada del jefe y a editores desconcertados o faltos de ideas. El procedimiento puede llegar incluso a los máximos responsables de los medios, a sus creadores. Sus productos, —porque eso son: productos— pierden identidad y apenas son en comparación con los demás. Algunos son más definidos y otros se pierden en la locura por ser el otro.

Así, los principios básicos del oficio se pierden en un microclima que importa a pocos y que perjudica a la prensa y a los destinatarios de la información. Habrá que hacer el esfuerzo por mantenerlos, por no copiar ni mentir, por ejemplo. La alternativa es inviable: abandonarse a la desesperación.