Balacera

28 11 2007

Leí Bolivia Construcciones, de Sergio Di Nucci, atraído por la trama de la novela (un boliviano que llega a Buenos Aires para encontrarse con sus paisanos y trabajar como albañil), sin que me importara la discusión sobre si la mitad de la obra había sido plagiada o fruto de un ejercicio de intertextualidad, y porque me hice del libro sin pagar por él. La cuestión es que terminé subrayándole el siguiente fragmento:

Fuimos a un bar en Once. Ya me empezaba a acostumbrar a la zona del Abasto. Ahí lo vimos por Crónica TV: Tiroteo en el Bajo Flores. La cámara estaba lejos, pero en el fondo se veía la calle, iluminada, a donde íbamos a ir. (…)

En la televisión mostraban un templo de los evangelistas, y después, como asociando las dos cosas, que les parecían religiosas, los periodistas decían que era la procesión del Señor de los Milagros, que dos bandas se habían cruzado disparos justo cuando marchaba la gente cantando con las imágenes y el cura y el incienso.

—¿Había mucha gente en la balacera? —preguntó el cronista.

—Error, Error —interrumpía Pedro, hablándoles a todos en el bar—. Cree que “balacera” es una palabra boliviana. O peruana.





Maestras

20 11 2007

Si hay (¿hay?) hoy un debate sobre los medios que se repita, ese es el que habla de los contenidos de la televisión, sobre todo de la abierta. Ese que se cierra cuando de un lado se sostiene que la TV es una basura y del otro se contesta que el público quiere esa basura. A eso han llevado los múltiples concursos tinellianos.

El burlarse del otro y la denigración de la mujer, a veces para colmo con la anuencia de la mujer, son la norma para Marcelo. La cuestión es que quienes participan en la discusión demuestran que no comprenden el fenómeno. Porque mientras se levantan las voces culturosas para criticar, el rating no para de subir, los SMS para votar por el gato del momento se envían uno tras otro y al día siguiente de la emisión es tema de conversación si tal debía ganar o si fulana está acomodada.

Todo esto porque pensaba que la bola de mierda, que tampoco comprendo, podía pararse, por ejemplo, en la escuela. Hoy me convencí de que no, que la visión de fin del mundo que se me aparece a veces podría ser una realidad. Fue cuando subieron al bondi de las 7.30 tres maestras de escuela pública rumbo a dar clase. Las tres muy parecidas, bien maquilladas —alguna en exceso— y repartiendo sus perfumes penetrantes por donde pasaran. Una se sentó mientras explicaba que estaba muerta de sueño porque anoche se había quedado viendo Patinando por un sueño. Otra le preguntó quién se había ido del programa. Y la tercera cerró con un “claro, ya sabía que se iba a ir Guercio”.

PD: Sí, volví. No sé hasta cuándo. Gracias a los que preguntaron por la ausencia. Sepan que los recuerdo, sobre todo porque fueron tres.