Tendencia

28 09 2008

Cuando vimos el segundo cargamento cayendo desde un camión que transitaba por el rulo de la autopista 9 de Julio supimos que algo estaba pasando. Antes habían sido limones y ahora rollos de chapa, pero la esencia era la misma. Sabíamos, un poco en serio, un poco con ironía, que estábamos ante una tendencia. De golpe iban a empezar a caerse cosas con frecuencia y los medios se preguntarían —nos preguntaríamos— por qué se caían, por qué nadie hacía nada para detenerlo ni para proteger a los desprevenidos ciudadanos que podían terminar su existencia aplastados por lo que fuere: aluminio, ganado, frutas, cualquier cosa. Y pasó. Una carga más se vino abajo y el pedido fue escuchado cuando restringieron el tránsito.

Las tendencias, esas repeticiones de hechos que aparecen cada tanto en la prensa, son conocidas. Pueden ser abusos infantiles, perros asesinos, robos a ancianos, alguna enfermedad. Entonces sabemos que con dos casos ya tenemos una. Con un par alcanza. Ese extraño fenómeno aparece mencionado en la revista de Crítica del 14 de septiembre (pdf) (sí, las leo con algo de retraso). Es en una nota de Josefina Licitra sobre el lesbian chic: aparece una canción sobre el beso entre dos chicas, una escena en una película con dos adolescentes que se quieren más que como amigas y listo. Otra tendencia. La hipótesis de la nota es que el lesbian chic es en realidad un invento del marketing. No hay en el lesbianismo nada que se le parezca, pero es tan efectivo para vender que lo demás no importa. Eso, a pesar de que la bajada de la nota y las imágenes que la ilustran se unan a la moda.

Para explicarlo, en la misma nota Carlos Jones, politólogo e investigador del Instituto Gino Germanila, habla no de un estudio de elaborado por prestigiosos sociólogos ni de una clase de Foucalt sobre la verdad. No. Recurre al periodismo, ni siquiera a una hipótesis de un teórico de la comunicación, al periodismo, al diario Clarín. Dice:

(…) se entra en lo que yo llamo el Síndrome Clarín: cada dos semanas publican una encuesta sobre sexualidad y dicen que es una tendencia. O toman tres testimonios en la Bond Street y hablan de un fenómeno mundial. Pero el mundo no es la Bond Street.

La “tendencia” está impulsada por cierta necesidad de universalizar. Quiere decir que esto que te cuento no es sólo esto que te cuento, es apenas un ejemplo de una cantidad más grande que no para de crecer de cosas como las que te cuento. Es un síntoma de la falta de historias en los medios, de las buenas historias más o menos bien contadas. Como si esa falta quisiera ser cubierta con la totalidad. No puedo contarte lo que te pasa a vos, pero en cambio te ofrezco contarte lo que le pasa al mundo. Esa es, parece, la tendencia.





Identidad

20 09 2008

Empiezo por lo que no van a encontrar acá: explicaciones de por qué desaparecí por unos seis meses. No sé si a alguien le importa y en todo caso creo que ni yo estoy del todo seguro de cuáles fueron los motivos. Por qué vuelvo ya es otra cosa. Hubo un par de cambios, tengo algo de ganas y tuve dos encuentros que terminaron de empujarme a volver a intentar el garabateo de un post cada tanto.

Y resulta que se me ocurre retomar esto cuando el medio, el ambiente, el periodismo todo parece conmocionado por la pelea entre Osvaldo Bazán y Gabriela Esquivada entorno al ¿control? de la sección Cultura del diario Crítica de la Argentina. Tampoco habrá aquí nada nuevo sobre el asunto. Pero sirve como anzuelo en busca de lectores desprevenidos arrastrados hasta aquí por Google.

Al final, estamos atentos a esa correspondencia que alguna vez fue privada como otros ante la pelea entre dos gatos de Tinelli en el programa de Rial. Es que en realidad más de uno debe pasar las páginas de Cultura demasiado rápido, como si temieran contagiarse algo de sólo mirarlas. Tampoco yo leí la sección completa una sola vez. Ni la de Crítica ni otra. Hace años era capaz de leer entero un Radar Libros, pero después se me pasó.

Es más interesante eso de si está bien reproducir un mail privado. Digo: teniendo en cuenta que en esta ocasión no hay ningún interés público de por medio. O, yendo más allá, pensar qué tan privado era el mail. O cómo se filtro, por qué, para qué. Y también lo leí, eh. Vamos, que es hasta instructivo. Samurai dice que enseña más sobre el periodismo que un año en TEA. Y sí. Por ahí Herbie le contestaba que hasta un viaje en colectivo enseña más que un año en TEA. Y también. Si estudiás en TEA, trata de viajar mucho en bondi.

Mientras se pelean o por lo menos se mandan mails, me divierto imaginando a Lanata quebrándose de risa por la situación o lamentándose. Ambas posibilidades me divierten. Y en el pasante abnegado del que habla Bazán. A ése sí que la curva de explotación/aprendizaje lo favorece.

El comienzo de todo fue la necesidad de cambios en Crítica. Algunos le reclaman una identidad propia y le cuestionan que no tenga claro a quién le habla. ¿Al tipo que mira a Tinelli con esas doble páginas sobre Bailando por un sueño? ¿A la “izquierda caviar” (Verbitsky dixit y, tal vez, tema para otro post) con las columnas de Caparrós? ¿Al opositor que busca algo en contra del Gobierno y que también podría leer La Nación o Perfil? ¿A los que no se aguantan los quince días que hay entre las ediciones de Barcelona?

Un ejemplo de la confusión se publicó hoy, en la nota sobre la posibilidad de que Juampi Cafiero vuele al Vaticano como embajador. Algún ingenioso la tituló “Qué dirá el Santo Padre”. Otro creativo le puso el mismo título en Página|12.